El caso es que teníamos
ganas de hacer una escapadita a la capital, este es un curioso fenómeno que nos ocurre de vez en cuando a la gente de
provincias, cada cierto tiempo buscamos una excusa para dejarnos caer por Madrid, pasar allí un par de días y volver hartos de radiales, diagonales y túneles, dándole la razón al cantautor rojillo cuando dice que aquello es insufrible pero insustituible.
Volviendo al tema, las Classic Series de Autobild en el circuito del Jarama que se
celebraban en 14 de Abril eran la excusa perfecta para plantarnos en Madrid sin nuestras señoras (huelga decir que porque no quisieron venir) y con todo el fin de semana por delante.
Las Classic Series son una prueba ideal para que los manazas como nosotros puedan entrar a pasearse en un circuito sin molestar demasiado. Son una prueba de regularidad
para clásicos (y alguno no tan clásico) en la que no hace falta correr. Consiste en dar una vuelta de
referencia, medir el tiempo y tratar de repetir el crono en las tres siguientes. Una chorrada al
fin y al cabo, pero una chorrada divertida y que te permite rodar hora y media
en el mítico trazado madrileño sin traquetear mucho a los trastos.
El caso es que sin mucho conocimiento de dónde nos metíamos, no conocíamos a la organización, no conocíamos a los compañeros y no habíamos rodado en el Jarama, nos decidimos a ir. Al fin y al cabo, ¿qué podía salir mal?
Antes de nada, en los días previos a la cita, como gente seria y profesional que somos… hicimos las pertinentes pruebas de carrera en el simulador.
La imagen corresponde con los "entrenamientos libres del jueves", logramos un gran tiempo... que luego no tuvo refrendo el día de la carrera.
Al final de la jornada, preparamos
las tablillas de tiempo, los puntos de cronometraje... Fangio, La Rampa de Pegaso, Bugatti, los cronómetros y nos fuimos a descansar. El viernes
13 (como no…) nos esperaba un intenso y agitado día que empezaría bien pronto ya que se tarda algo de tiempo en ir a Madrid por los caminos de antaño en vehículos de otro tiempo.
Al día
siguiente nos preparamos para partir desde Alicante. Nuestras máquinas estaban
preparadas y nosotros también, o eso creíamos. Nada hacía presagiar lo que
ocurriría antes del final del día.
Desayuno y autovía hasta La Roda, la primera etapa del camino.
Un fabuloso MG B GT de 1974 (con nuestros amigos Simón y Daniel a los mandos) y un Volkswagen Kafer 1200 de 1961 (con los dos pirados que aquí escriben como ocupantes) ambos en perfecto estado de revista, entre los dos superaban holgadamente los 80 años de batalla. De Alicante a Madrid, 400 Km a bordo de estos dos abueletes, ¿qué podía fallar?
Un fabuloso MG B GT de 1974 (con nuestros amigos Simón y Daniel a los mandos) y un Volkswagen Kafer 1200 de 1961 (con los dos pirados que aquí escriben como ocupantes) ambos en perfecto estado de revista, entre los dos superaban holgadamente los 80 años de batalla. De Alicante a Madrid, 400 Km a bordo de estos dos abueletes, ¿qué podía fallar?
Tras desayunar y con la absoluta confianza en que la electrónica no nos iba a dejar tirados en el camino,
comenzamos nuestro viaje a las carreras.
Primero autovía, hasta la Roda…se trataba de llegar al mítico Bar Juanito y a partir de aquí, la antigua carretera de Ocaña, ¡que recuerdos!. Lo cierto es que es una delicia pasear con estos chismes por aquellas carreteras que nacieron a su mismo tiempo... el tráfico de hoy, las autopistas y las prisas no les sientan bien, pero te transporta en el tiempo escuchar el clapeteo de ese motor de 34 caballos refrigerado por aire mientras diriges el derivabrisas y escuchas el particular sonido de la radio de válvulas en la que cualquier presentador parece el desaparecido Kiko Ledgard llamando a jugar al siguiente concursante del un, dos, tres.
¡¡Hasta que un camión te despierta del sueño y te devuelve a la realidad!! estamos en el siglo XXI y no, 80 por hora no es una velocidad mas que respetable...
¿Qué grandes son los camiones ahora o qué pequeños eran los coches antes?
Un gran paseo por los campos de La Mancha, carreteras secundarias, recobecos, travesías en pueblos, bares, rincones y muchas paradas... todo lo que nos gusta.
Todo era idílico, un día perfecto, si no fuera por que de vez en cuando hay que parar a poner gasolina.
Un placer moverte en estos trastos por las carreteras secundarias de la geografía española. Hasta que a unos 100 Km de nuestro objetivo, después de haber recorrido mas de 300 Km desde Alicante, cuando ya tocábamos la meta, a la altura de Quintanar de la Orden, el precioso Mg B GT. Se paró.
Dice un sabio amigo mío, de nombre Federico, de esos que son como el médico de cabecera pero en filósofo…que las mujeres italianas y los coches alemanes, nunca al revés. Y aquí teníamos un inglés, pero se aplica igual, de hecho yo apostaría a que esa bomba de membranas la diseño algún inmigrado italiano en el Reino Unido.
El caso es que la bomba de gasolina, ese elemento maldito, el único chisme eléctrico que lleva ese coche, nos había dejado en una cuneta castellana. Al coche hay que reconocerle el mérito de que supo dónde parase, al menos la cuneta era amplia y cómoda.
Lo cierto es que lográbamos que el coche arrancara pero se volvía a parar una y otra vez. Como machos que somos, estoy seguro que arrancando y parando los compañeros habrían llegado a Madrid con un par de cojones que diría un castizo, pero la benemérita vino para poner un poco de cordura y echar por tierra nuestro sueño, como ocurre siempre.
Se estaba haciendo de noche y, con los ánimos por los suelos, la decisión fue llamar a la asistencia y enviar el coche y sus ocupantes para Alicante.
Cansados y con pocas ganas ya de fiestas, los dos supervivientes del equipo nos dispusimos a recorrer los 100 Km que quedaban hasta Madrid, al día siguiente tendríamos que correr solos.
Fue hora y media de pura decepción hasta Algete junto al circuito, mirándonos las caras, cansados, casi sin hablar… el día siguiente sería mejor.
No me voy a despedir así, dejando mal sabor de boca... lo cierto es que no somos gentes de aguarnos las fiestas, y menos cuando había que celebrar que el pequeño cincuentón había llegado a Madrid sin nada que reseñar, así que ya en Algete, el bueno de mi cuñado que es un santo, nos estaba esperando con un estupendo cordero asado de toma pan y moja... pero esa es otra historia y tendrá que venir él a contarla.
comenzamos nuestro viaje a las carreras.
Primero autovía, hasta la Roda…se trataba de llegar al mítico Bar Juanito y a partir de aquí, la antigua carretera de Ocaña, ¡que recuerdos!. Lo cierto es que es una delicia pasear con estos chismes por aquellas carreteras que nacieron a su mismo tiempo... el tráfico de hoy, las autopistas y las prisas no les sientan bien, pero te transporta en el tiempo escuchar el clapeteo de ese motor de 34 caballos refrigerado por aire mientras diriges el derivabrisas y escuchas el particular sonido de la radio de válvulas en la que cualquier presentador parece el desaparecido Kiko Ledgard llamando a jugar al siguiente concursante del un, dos, tres.
¡¡Hasta que un camión te despierta del sueño y te devuelve a la realidad!! estamos en el siglo XXI y no, 80 por hora no es una velocidad mas que respetable...
¿Qué grandes son los camiones ahora o qué pequeños eran los coches antes?
Un gran paseo por los campos de La Mancha, carreteras secundarias, recobecos, travesías en pueblos, bares, rincones y muchas paradas... todo lo que nos gusta.
Todo era idílico, un día perfecto, si no fuera por que de vez en cuando hay que parar a poner gasolina.
Un placer moverte en estos trastos por las carreteras secundarias de la geografía española. Hasta que a unos 100 Km de nuestro objetivo, después de haber recorrido mas de 300 Km desde Alicante, cuando ya tocábamos la meta, a la altura de Quintanar de la Orden, el precioso Mg B GT. Se paró.
Dice un sabio amigo mío, de nombre Federico, de esos que son como el médico de cabecera pero en filósofo…que las mujeres italianas y los coches alemanes, nunca al revés. Y aquí teníamos un inglés, pero se aplica igual, de hecho yo apostaría a que esa bomba de membranas la diseño algún inmigrado italiano en el Reino Unido.
El caso es que la bomba de gasolina, ese elemento maldito, el único chisme eléctrico que lleva ese coche, nos había dejado en una cuneta castellana. Al coche hay que reconocerle el mérito de que supo dónde parase, al menos la cuneta era amplia y cómoda.
Lo cierto es que lográbamos que el coche arrancara pero se volvía a parar una y otra vez. Como machos que somos, estoy seguro que arrancando y parando los compañeros habrían llegado a Madrid con un par de cojones que diría un castizo, pero la benemérita vino para poner un poco de cordura y echar por tierra nuestro sueño, como ocurre siempre.
Se estaba haciendo de noche y, con los ánimos por los suelos, la decisión fue llamar a la asistencia y enviar el coche y sus ocupantes para Alicante.
Cansados y con pocas ganas ya de fiestas, los dos supervivientes del equipo nos dispusimos a recorrer los 100 Km que quedaban hasta Madrid, al día siguiente tendríamos que correr solos.
Fue hora y media de pura decepción hasta Algete junto al circuito, mirándonos las caras, cansados, casi sin hablar… el día siguiente sería mejor.
No me voy a despedir así, dejando mal sabor de boca... lo cierto es que no somos gentes de aguarnos las fiestas, y menos cuando había que celebrar que el pequeño cincuentón había llegado a Madrid sin nada que reseñar, así que ya en Algete, el bueno de mi cuñado que es un santo, nos estaba esperando con un estupendo cordero asado de toma pan y moja... pero esa es otra historia y tendrá que venir él a contarla.








Me encanta cómo escribes...y mira que yo soy exigente! espero tu entrada al blog con frecuencia! Y lo de las mujeres italianas y los coches alemanes ha sido muy bueno! Jeje
ResponderEliminarSe agradecen estos comentarios... aunque sean ruborizantes (¿eso existe?)
ResponderEliminarEn cuanto a las entradas, como mínimo habrá que acabar esta historia porque, aunque sospeches que nos inflamos a cordero y vino hasta no poder ni movernos, al día siguiente logramos llegar al circuito...y tu amigo Roberto cuajó una actuación estelar